ESCAPE DE PERMAFROST IRREVERSIBLE

Las emisiones de CO2 y metano del permafrost ártico ya se han iniciado y serán netas en los años 2020. El proceso es irreversible

por Ferran P. Vilar

Almacenes biológicos de carbono vulnerables a la temperatura (Canadell et al, 2006)

En abril de 2009, Amanda Leigh Mascarelli se preguntaba en Nature Reports Climate Change, filial de Nature, la revista científica de mayor impacto y prestigio mundial[2] por el ‘gigante durmiente’ presente tanto en los fondos marinos del Ártico, en forma de hidratos de metano, como en las zonas continentales más septentrionales, en forma de permafrost, que es la vegetación que se congeló durante, o hasta, la última edad de hielo, hace unos 20.000 años, y que se encuentra entre 0 y 6 m de profundidad. Este permafrost ocupa cerca del 16% de la superficie terrestre del planeta y contiene nada menos que 1,672 Tt (teratoneladas, o billones de toneladas) de carbono, una cantidad similar a todo el carbono contenido actualmente presente en la atmósfera (1). En ese artículo, James White, de la Universidad de Colorado, señalaba:

“Estos depósitos [permafrost e hidratos de metano] rivalizan con los combustibles fósiles en términos de volumen. Es como si tuviéramos, fuera de nuestro control, un suministro adicional de carbón, petróleo y gas natural.” (2)

La emisión neta de metano y dióxido de carbono por fusión y descomposición del permafrost supone el peor de los escenarios imaginables, sólo precedido en severidad por la erupción de los hidratos de metano del fondo marino, que en todo caso se produciría, masivamente, después. Significa la constatación práctica de haber perdido todo control humano sobre el ciclo del carbono [ver Algunas cuestiones no siempre bien comprendidas (3): El ciclo del carbono] y el comportamiento en el tiempo (dinámica) del sistema climático en su conjunto. Sería el momento en que tendríamos la prueba definitiva de que el sistema climático de la Tierra estará ya basculando hacia un nuevo estado[3] [ver Los estados estables del sistema climático].

Esta emisión de gases de efecto invernadero por parte del permafrost del Ártico se produce debido al fenómeno de la amplificación polar según el cual, dada una perturbación del sistema como la que hemos producido [ver Perturbación y respuesta del sistema climático], los polos se calientan mucho más que el promedio del planeta [ver Entender la gravedad del cambio climático: La ‘amplificación polar’: el elemento clave]. Se dan por lo menos tres fenómenos de retroalimentación positiva[4].

  1. Uno es la fusión del hielo oceánico, que va reduciendo su superficie blanca reflectora en favor de superficie oscura marina que, por lo tanto, absorbe más calor procedente de la radiación solar. Es la denominada retroalimentación hielo-albedo (3), responsable principal, a su vez, del efecto de amplificación polar[5]
  2. Otro es la fusión del permafrost, que hoy nos ocupa: al superarse allí los 0 ºC (aproximadamente) se inicia su fusión, emitiéndose dióxido de carbono y gas metano a la atmósfera en su descomposición ulterior. Esta emisión supone un mayor efecto invernadero y por tanto mayor temperatura, lo que a su vez acelera la fusión y descomposición en la denominada retroalimentación del sistema climático con el ciclo del carbono[6]
  3. El tercero es la emersión del metano contenido en los fondos oceánicos presentes actualmente en forma de hidratos de metano congelados, y cuya fusión es debida al aumento de temperatura del océano[7] (4). Ello produce el mismo tipo de retroalimentación positiva que el permafrost  – pero incluso peor[8], dado que el metano tiene un poder invernadero entre 25 y 100 veces el del dióxido de carbono, según el intervalo de tiempo que se considere.

Hidratos de metano congelados presentes en grandes cantidades en los fondos marinos (4)

Estos tres efectos, que se producen se forma sucesiva aunque con cierto solapamiento, constituyen el mecanismo del cambio climático desbocado [ver ¿Qué es el cambio climático “desbocado”? (Punto de no retorno ¿hacia dónde?), descrito por Mark Lynas en su obra Seis Grados [ver Seis eslabones directos al infierno].

La revista académica Tellus B, editada por el instituto de meteorología de Suecia, acaba de publicar un importante paper de investigación en el que los autores muestran sus conclusiones respecto a los resultados de sus cálculos relacionados con la dinámica del permafrost[9]:

“La fusión y la emisión del carbono actualmente congelado en el permafrost aumentará la concentración atmosférica de CO2 y amplificará el calentamiento de la superficie para iniciar una retroalimentación positiva del carbono del permafrost (permafrost carbon feedback, PCF) … Predecimos que el PCF cambiará el Ártico desde el estado de sumidero de carbono al de fuente de carbono a partir de la mitad de los años 2020, y es lo suficientemente intenso como para cancelar el 42-88% de todos los sumideros de carbono terrestres. La fusión y descomposición del permafrost es irreversible.” [énfasis añadido] (5).

Así se expresan cuatro investigadores del prestigioso National Snow and Ice Data Center de la Universidad de Colorado, liderados por Kevin Shaefer, en el paper[10]titulado Amount and timing of permafrost carbon release in response to climate warming. Dicen también que:

“[Nuestra] estimación puede ser conservadora, puesto que no tiene en cuenta el calentamiento amplificado de la superficie debido al propio PCF.” (5)

Dicen esto porque, en sus cálculos, han partido de un escenario de emisiones[11]definido por el IPCC[12], denominado A1B, y han calculado en qué momento se iniciará la emisión neta y cuánto carbono será emitido a la atmósfera en los próximos 200 años, pero sin tener en cuenta el incremento adicional de temperatura que esa emisión neta de carbono, suplementaria a la antropogénica, va a producir. Es decir: han calculado el PCF pero no sus efectos. Y es suplementaria, adicional, porque los escenarios (y sus resultados) del moderado IPCC no contemplan los efectos de la realimentación del sistema climático con el ciclo de carbono, aún cuando se trata del punto más débil – y el menos controlable, de hecho a todas luces incontrolable – de todo el sistema climático. Preguntarse por qué ocurrió esto en un panel tan interdisciplinar y de tan alto nivel científico, de hecho el más alto del mundo, y responderse que la mayoría de sus miembros son físicos de la atmósfera y los biogeoquímicos apenas estaban presentes[13], me parece una respuesta insuficiente. La subestimación de las predicciones del IPCC se manifiesta en muchos otros ámbitos (6).

Evolución prevista de las emisiones de carbono originadas en el permafrost (5)

La subestimación concreta de las emisiones originadas por la descomposición del permafrost en el trabajo que nos ocupa tiene otros motivos que el de no tener en cuenta sus propios auto-efectos. Los autores señalan algunos de ellos, como la no consideración del burbujeo de los lagos que se forman al fundirse el hielo (termokarst), las emisiones de óxido de nitrógeno del propio permafrost, (también gas de efecto invernadero), entre otros.

A ellos cabría añadir que el escenario de emisiones que actualmente estamos realizando no es el que consideran los autores. Es el más extremo, el denominado A1FI[14]. Es posible que las emisiones no aumenten mucho más a medio plazo en función de las limitaciones en la disponibilidad de petróleo [ver Entrevista a Gail E. Tverberg: “los impactos fuertes del pico del petróleo ya han comenzado”], de carbón [ver Noticia de impacto en Nature: el pico energético del carbón es inminente] y de gas natural[15], lo que podría situarnos en el escenario A1B considerado en el trabajo.

Hasta ahora se sabía que el permafrost se estaba reduciendo (7,8,9,10,11), y que por tanto sus emisiones estaban aumentando. Estaba en duda si se trataba de un tipping element (12,13) [ver Entender la gravedad del cambio climático: 2. ¿Qué es el cambio climático ‘desbocado’? (Una introducción a los ‘tipping points’], lo que ahora entiendo que la comunidad científica acabará por confirmar, en la medida de que el proceso es considerado irreversible y tiene un momento de inicio del proceso. Con este trabajo debemos suponer que esas emisiones procedentes del permafrost[16] están ahora siendo compensadas de alguna manera, presumiblemente por el efecto de fertilización del CO2 en exceso, provocando un aumento de la vegetación[17]. De modo que, según estos autores, la zona actúa todavía como sumidero neto. Pero nos dicen también que dejará de serlo muy pronto, y sabemos que esta situación no está contemplada en los análisis del IPCC, que son los que se toman como referencia en la acción política [ver Pánico en Twitter por la adaptación climática de la Generalitat de Catalunya].

Termokarst, emisores de metano, no considerados en el estudio

A este trabajo deberán seguirle otros reduciendo, previsiblemente, el margen de incertidumbre que, en rigor científico, señalan los autores respecto a la superficie residual de permafrost (42-88%) y al momento del inicio del basculamiento (medido en términos de emisión neta). Es posible que tarde algo más la inclusión del efecto de las emisiones adicionales. No tanto porque su cálculo sea, a estas alturas, especialmente complejo[18] sino porque, al ser, presumiblemente, tan escandalosos los resultados que se obtengan, operará en la comunidad científica un cierto mecanismo de pudor epistemológico. Serán antes comunicados de forma privada a los poderes públicos, en la vana esperanza de que se los crean primero, y de que obren en consecuencia después.

Pero atención: ¿nos hemos enterado ahora por el trabajo de Shaefer y sus colaboradores? Creo que si para el conjunto, pero deberíamos haber tenido ya todas las luces rojas encendidas. Un paper publicado en la muy minoritaria, pero también peer-reviewed, revista titulada Tôhoku Geophysical Journal, nos informaba en 2001:

“Tanto en Fairbanks [Alaska] como en Yakutsk [Siberia Oriental], el período de 2015 a 2025 (2020 a 2030 para Yakutsk) verá el inicio de la inestabilidad y la degradación del permafrost. Durante estos períodos, los procesos de termokarst pueden ser muy activos, afectando a los ecosistemas y las infraestructuras de esas regiones. Posibles alteraciones debidas a incendios forestales aumentarían significativamente la probabilidad de degradación del permafrost en el futuro cercano.” (7).

Otra referencia: revista académica, altamente especializada y minoritaria, pero no por ello menos rigurosa, Permafrost and Periglacial Processes, también peer-reviewed, junio de 2010. Hablan cinco autores, liderados por Peter Kuhry, de la Universidad de Estocolmo:

“Recientes descubrimientos en Alaska y el norte de Suecia proporcionan fuerte evidencia respecto a que el carbono de las profundidades del permafrost ha comenzado a ser emitido, apoyando así recientes informes realizados en Siberia.” (11).

De modo que…

Fuente: https://ustednoselocree.com/2011/02/20/permafrost-2/

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